domingo, 21 de junio de 2009

Gálatas resumen

GALATAS

Un falso evangelio (Gálatas 1,1-12)
Pablo apostol de Jesucristo, escribe a la iglesia de Galacia.
Estoy asombrado de que tan pronto os estéis apartando para seguir a otro evangelio.
Parece que algunos quieren pervertir el evangelio de Cristo.
Si nosotros mismos o un ángel os anunciara otro evangelio, no lo creais.
El evangelio que aprendisteis no es mío, ni de hombre alguno, sino que lo recibí por revelación de Jesucristo.

Pablo, destinado a los gentiles (Gálatas 1,13 a 2,10)
Ya me conocíais que antes perseguía a la iglesia de Dios y me destacaba por ser uno de los principales del judaismo y celoso de sus tradiciones.
Pero Dios me apartó y reveló a su Hijo para que yo anunciase el evangelio a los gentiles.
No consulté con nadie esta visión sino que marché hacia Arabia y luego a Damasco.
Después de tres años fui a Jerusalén a entrevistarme con Pedro con quien estuve quince dias.
No vi a otro apostol sino a Jacobo, el hermano de Jesús
Os aseguro que en todo lo que os escribo, no miento.
Después fui a las iglesias de Siria y de Cilicia.
No me conocían en las iglesias de Judea, solamente sabían que yo proclamaba la fe que antes perseguía y por esto daban gloria a Dios.
Después de catorce años, fui otra vez a Jerusalén, junto con Bernabé, llevando conmigo también a Tito.
Pero fui conforme a una revelación que tuve, exponiéndoles el evangelio que predico a los gentiles.
Ni siquiera Tito que estaba conmigo, siendo griego, fue obligado a circuncidarse conforme a las tradiciones judías.
A pesar de algunos falsos hermanos que se infiltraron en la comunidad para conocer nuestra nueva doctrina, no nos dejamos llevar por ellos.
Tampoco me dejé llevar por personalidades importantes, ni me enseñaron nada nuevo.
El mismo Jesús que actuó con Pedro para los circuncisos, actuó también en mi para los incircuncisos.
Cuando Jacobo, Pedro y Juan, siendo columnas de la iglesia, reconocieron el don de Dios en mi, me encargaron junto a Bernabé el predicar a los gentiles, marchando ellos hacia los judios.
Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres, cosa que procuré hacer con esmero.

Pablo se enfrenta a Pedro (Gálatas 2,11-15)
Cuando Pedro vino a Antioquía, yo me enfrenté a él, porque antes que viniesen ciertas personas de parte de Jacobo, él comía con los gentiles; pero cuando llegaron, se retraía y apartaba, temiendo a los judíos que tenían como tradición la circuncisión.
Los judíos recién llegados participaban con Pedro en su hipocresía, incluso Bernabé fue arrastrado por esta situación.
Entonces tuve que recriminar a Pedro públicamente diciéndole;
"Si tú siendo judío vives como los gentiles, ¿por qué obligas a los gentiles a hacerse judíos?"

De que forma somos justificados (Gálatas 2,16-21)
Ningún hombre es justificado por las obras de la ley, sino por medio de la fe en Jesucristo, porque por las obras de la ley nadie será justificado.
Con Cristo he sido juntamente crucificado y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí.
Si cumpliendo la ley fuésemos salvados de la condenación, entonces la muerte de Cristo hubiese sido inútil.

Pablo recrimina a los gálatas (Gálatas 3,1-5)
¡Oh gálatas insensatos, ante cuyos ojos Jesucristo fue presentado como crucificado! ¿Quién os hizo cambiar de opinión?
Habiendo comenzado en el Espíritu, ¿terminaréis ahora en la carne?
¿Tantas cosas padecisteis en vano?
Sólo esto quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley o por haber oído con fe?

Herederos por medio de la fe (Gálatas 3,6 a 4,7)
Cuando Abraham creyó en Dios, fue justificado.
Por lo tanto, sabed que los que se basan en la fe son hijos de Abraham.
Así la Escritura habiendo previsto que los gentiles se justificarían por la fe, Dios anunció de antemano el evangelio a Abraham, diciendo: "En ti serán benditas todas las naciones."
Porque todos los que se basan en la ley están bajo maldición, pues está escrito: “Maldito el que no cumple toda la ley”.
Por lo cual es evidente que por la ley nadie será justificado delante de Dios.
Para que la bendición de Abraham llegara por Cristo Jesús a los gentiles, Cristo se hizo maldición por nosotros, redimiéndonos.
Hermanos, aunque un pacto sea de hombres, una vez ratificado, nadie lo cancela ni le añade.
Dios dió a Abraham la herencia gratuitamente por medio de una promesa.
Entonces, ¿para qué existe la ley?
Fue dada por causa de las transgresiones, hasta que viniese la promesa.
Pero antes que viniese la fe, estábamos guardados bajo la ley y reservados para la fe que había de ser revelada.
La ley fue nuestro tutor antes de la llegada de Cristo, pero cuando vino Cristo somos justificados bajo la fe y ya no estamos bajo tutor.
Porque todos los que fuisteis bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo. Ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois iguales en Cristo Jesús.
Somos descendencia de Abraham y herederos conforme a la promesa.
Mientras el heredero es niño, en nada se diferencia del esclavo, aunque es señor de todo; más bien, está bajo guardianes y mayordomos hasta el tiempo señalado por su padre.
De igual modo nosotros también, cuando éramos niños, éramos esclavos sujetos a los principios elementales del mundo.
Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley y para que recibiésemos la adopción de hijos.
Así que ya no eres más esclavo, sino hijo y también heredero.

La poca fidelidad de los gálatas (Gálatas 4,8-21)
¿Cómo es que después de haber sido llamados por nuestro Señor os volvéis de nuevo a los débiles y pobres principios elementales?
¿Queréis volver a servirlos otra vez?
Me da la sensación de haber trabajado en vano por vosotros.
Os ruego que me imiteis tal como yo me hice a vosotros.
Os anuncié el evangelio la primera vez y me recibisteis como a un ángel de Dios. ¿Resulta que ahora me he hecho vuestro enemigo por deciros la verdad?.
Yo quisiera estar ahora con vosotros y cambiar el tono de mi voz, porque estoy perplejo en cuanto a vosotros.
Decidme, los que queréis estar bajo la ley: ¿No escucháis la ley?

El ejemplo de Abraham (Gálatas 4,22-31)
Porque escrito está que Abraham tuvo dos hijos: uno de la esclava y otro de la libre.
Pues estas mujeres son dos pactos: Agar es el pacto del monte Sinaí que engendró hijos para esclavitud.
Pero la Jerusalén de arriba, la cual es nuestra madre, es libre;
Ahora bien, hermanos, vosotros sois hijos de la promesa, tal como Isaac.
Pero, ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo; porque jamás será heredero el hijo de la esclava con el hijo de la libre.
Así que, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la libre.

El ejemplo de la circuncisión (Gálatas 5, 1-15)
Estad pues firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no os pongáis otra vez bajo el yugo de la esclavitud.
Y otra vez declaro a todo hombre que acepta ser circuncidado, está obligado a cumplir toda la ley.
Vosotros que pretendéis ser justificados en la ley, habéis quedado separados de Cristo y de la gracia.
Pues en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión valen nada, sino la fe que actúa por medio del amor.
¿Quién obstaculizó vuestra carrera hacia la verdad?
Confío en vosotros que no cambiareis vuestra forma de pensar y el que os ha persuadido llevará su propio castigo.
Habéis sido llamados a la libertad, solo que no toméis esa libertad como pretexto para la carnalidad. Más bien, servíos los unos a los otros por medio del amor, porque toda la ley se ha resumido en un solo precepto:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Los deseos del cuerpo (Gálatas 5, 16-21)
Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los malos deseos de la carne.
Porque la carne desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu lo que es contrario a la carne. Ambos se oponen mutuamente de forma que no hacéis lo que quisierais.
Ahora bien, las obras de la carne son evidentes; fornicación, impureza, desenfreno, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, ira, contiendas, disensiones, partidismos, envidia, borracheras, orgías y cosas semejantes a éstas, de las cuales os advierto, que los que hacen tales cosas no entrarán el reino de Dios.

Los frutos del Espiritu (Gálatas 5, 22-26)
Pero el fruto del Espíritu es: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio. Contra tales cosas no hay ley, porque los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.
Ahora que vivimos en el Espíritu, andemos en el Espíritu.
No seamos vanidosos, irritándonos unos a otros y envidiándonos unos a otros.

Deberes cristianos (Gálatas 6, 1-18)
Corregid al que falla y cae, con espíritu de mansedumbre.
Ayudaos mutuamente a llevar vuestros problemas y de esta manera cumpliréis la ley de Cristo.
Examínese cada uno y examine su obra si piensa que es algo y no se engañe a si mismo.
No os engañéis; Dios no puede ser burlado. Todo lo que el hombre siembre, eso mismo cosechará.
Porque el que siembra para su carne, de la carne cosechará corrupción; pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.
No nos cansemos, pues, de hacer el bien; porque a su tiempo cosecharemos.
Por lo tanto, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe.
Aquellos que quieren ser bien vistos por los demás, os obligan a circuncidaros y ni ellos mismos son capaces de cumplir la ley.
Porque ni la circuncisión ni la incircuncisión valen nada, sino la nueva criatura.
Para todos los que anden según esta regla, paz y misericordia sea sobre ellos, y sobre el Israel de Dios.
De aquí en adelante nadie me cause dificultades, pues llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu.
Amén.

A816TS14VI





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